Nunca llegaré a serlo. Lo sé. La gente nace para una cosa o para otra. Yo nací para ayudar, para apoyar, para hacer que la gente se sienta importante. Nací para organizar días dedicados a un individuo. Nací para observar cómo la gente puede llegar a sentirse importante.
Yo no lo soy. Podría pensar que sí y hacer caso omiso de las palabras ajenas. El problema es que no puedo hacer caso omiso de la realidad.
En casa soy una decepción. En la cancha una palmera. En clase una incomunicada. En la calle una borde. En la pista una "calientapollas".
Pero la realidad es que nadie me escucha. La gente solo oye lo que quiere oír y estas son las etiquetas que han plantado. Lo son. Y siempre lo serán. No saldré de las fronteras de mi cometido.
Quise ir en contra de la natura y crear un día para mí. Un día en el que yo fuera esa persona. Lo intenté una y otra vez de forma inconsciente y sin ver que todo siempre se venía abajo. Hasta que lo intenté por última vez. Lo intenté de forma plausible. Me preparé para ser la mejor anfitriona organizando eventos y encuentros. Nada podía fallar. Ése sería el día en el que yo, mi individuo interno, sería importante.
Pero me equivoqué. A unas pocas horas de dar comienzo a ese día, todo se fue al traste. Los seres queridos, las personas que se supone que uno debe recordar en los últimos minutos de vida, desaparecieron sin culpabilidad. Giré la cabeza y no había nadie. Absolutamente nadie. Estaba sola en mi día importante.
En ese momento me di cuenta de que la única persona a la que yo realmente le importaba, era yo misma.
De entre los siete mil millones de personas que hay en el mundo, solo hay una que estuvo conmigo ese día que organicé con tanto anhelo. Yo.
Entonces comprendí. La única persona que se merece mi respeto, mi confianza, mi apoyo, mis palabras, mi cariño y mis escasas muestras de afecto y comprensión, soy yo.
Ninguna otra persona viva o muerta se merece nada. Ninguna otra persona que pueda creerse merecedor de algo por mi parte, tiene el derecho a exigir nada.
Nadie, absolutamente nadie es importante para mí. Solo me debo a mi misma. Y aunque hayas escuchado mis quejas, aunque me hayas sostenido la mano, aunque me hayas abierto un mundo de posibilidades, aunque creas estar en esa lista de seres queridos a los que recordar el día de mi muerte. Solo te diré que no eres importante para mí. Y más aún, te diré que yo no elegí dejarte fuera de mis prioridades, fueron tus actos los que me llevaron a esa conclusión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario