22/8/15

Con mis manos

Descanso. A veces, descanso. Meses y meses trabajando duro, física y mentalmente. Luchando por mi bienestar, por un cuerpo perfecto, por unos aprobados que llegarán. Una semana de dejadez, de locura, de baile, de suerte. Buena y mala, pero la mala no la recuerdo.

Hoy, descanso.

Enamorada de un recuerdo, de unas vistas. Pero siempre sola, conmigo misma. Buscando y encontrando motivos para sobrevivir.

La nada en el descanso. Entremeses veraniegos. Un año para aprender, un año para amar. Para amarme.

Todo el mundo viene y va. Nuevos comienzos que llegan al final esperado. Como las películas del sábado por la tarde. Y sin embargo, sigo feliz. Al fin he encontrado mi camino. Sin gente, sin falsos motivos ni trasfondos no palpitados.

De la cenizas de la caída, se ha levantado un motivo real y arrollador. Me he levantado yo, nueva, creyente de la armonía. Simplemente yo, sintiendo sin ver nada a mi alrededor.

15/8/15

Me ha conquistado

De nuevo recordé la soledad. Esos espacios en blanco impregnados bajo mi piel. Recordé los planes mal hechos. Las excusas y mis palabras. Porque sigo sin entender.

Decidí entender que la rutina hizo acopio de gran valor entre vasos ajenos. Besos sin sentido que me habrían vuelto loca en segundos. Aires escondidos, llenos de humedad y naturaleza.

No siento el vacío. No siento la nada. Ganas y desganas de abrirlo todo. ¿En qué me he convertido? Apenas unos segundos bastan para darme cuenta de que yo misma soy la que aprendo. La que tiene los ojos abiertos y advierte en cada esquina lo que el tiempo deteriora.
Mis problemas se redujeron a uno. Responder ante cada paso. Ante cada nuevo encuentro.

La solución, los ritmos acompasados que con cada nota me hacen olvidar cuán hermosura encontré entre tanto tres por cuatro intermitente.
Belleza privada, detalles personales, corazón a mil por hora.
Esa tez oscura llena de enlaces tan cercanos. Llena de algo que nadie provocó.

Llena.

Sentimientos nuevos que florecen en el porche trasero, a mitad de camino entre la incomodidad y el drama. Margaritas bajo el azul del cielo y rosas que un baile conforman sin decir ni hacer nada.
Todo eso queda en segundo plano cuando apenas unos centímetros separan nuestros cuerpos. Cuando roces callados y apoyos relajados juntan tu piel con la mía.

Todo eso queda detrás, porque el corazón se me sale del pecho cuando siento tan dentro de mí mi felicidad. La mía. La que nadie me podrá quitar hasta que deje este mundo. 
Incluso en otro mundo, seguirá siendo mía. La de siempre, la que he encontrado.

7/8/15

Sintiendo

Y era esto. La facilidad del todo. Como cuando la música suena. Qué más da que me llamen loca. Como cuando vuelvo del gimnasio, después de haber desgastado mi cuerpo en esta nueva rutina que tanto me gusta. Cuando bailo y canto al son de una música que únicamente yo puedo escuchar.
Y me llamarán loca, pero me da igual.

Así es como debe ser. Tus palabras me han abierto los ojos. A la vez que la suerte abrió los tuyos. Fingir nuevos intereses que creía míos, porque los empecé por propia voluntad. Pero el motivo que me hacía continuar no era sino un tira y afloja que desgasta la cuerda en cada nuevo comienzo.

Y el amor no es eso. El amor es la fluidez del todo, es la naturalidad y el dejarse llevar. Porque lleva a cúspide de una locura que jamás nunca entenderán los necios, los que se dejan llevar forzados por una mano que sujeta fuertemente un antebrazo y tira de él hasta hacerlo caer.

La naturalidad con la que suenan los tambores, las melodías en el alma. Haciéndote sentir feliz, nostálgica. Sin apenas entender qué hay detrás. Seguir el ritmo cambiante que apropias con tu cuerpo. Con tus delicadas caricias y con tus fuertes remedios.

Mi amor. Mis tiempos. Notas ajenas que no entiendo pero que acompaño con elegantes ritmos que aparecen sin avisar. La naturalidad, el todo, la necesidad de mover ficha en el momento exacto. A destiempo, sintiendo mi cuerpo bailar movido por mis manos, por mis dedos, por mi espalda, por mi pecho. Por mi alma, más viva que nunca. Entendiendo que los motivos visuales son algo pasajero, pero que cuando lo que hay detrás aviva de nuevo esa llama que apenas dos trozos de madera han llenado de plenitud hasta ahora, es cuando sé que debo estar aquí.

27/7/15

Motivos visuales

Y de desastres va la cosa. No existe el punto muerto sino las vueltas estrepitosas. Por una llanura sin color fijo. Porque en este momento nada me basta. Nadie me sirve, nadie me llama.
Respiro profundamente, tranquila, asumiendo de golpe todos los golpes. Entendiendo que el mundo es un viene y va de todo. La suerte llega, con cualquiera de sus caras.

¿En quién me apoyo?
Recuerdo gente que huyó, gente que eché, gente sorda y gente ciega. Los recuerdo a todos, vagamente, pero ya no los veo. No hay nadie. Así que soy yo quién decide, todo depende de mí.
Que te veas guapa al mirarte al espejo, que busques futuro independiente, que yo deje de luchar por otros.

Tan grande es mi lucha en este momento, tantos esfuerzos estoy poniendo para conseguir volver a la normalidad, que el resto ha quedado en nada. El resto ha quedado olvidado y el mundo sigue girando. Y con él ahora giro yo. En época de vacas invisibles, pero giro.
Y que venga lo que venga, que puedo con todo y con todos. Que el ser humano y su sociedad están totalmente premeditados. El egoísmo y la hipocresía predominan en el aire. Y pese a ello, yo frenaré con una sonrisa.

23/7/15

Te pienso pensando y pienso en qué piensan los necios.