23/4/15

Susurros escondidos

Una lo termina esperando. Aunque no piense en ello. Aunque esté tan lejos.
Una espera que la abracen. Con brazos delicados y maternales. Perderse apoyada en un latido tranquilizador. Espera al menos poder buscarlo.
Pero cuando llega el momento. Cuando llega la caída, el no volver atrás. Los problemas cotidianos. Una al menos, espera la nada.
Sin embargo, son reproches. Son lágrimas y gritos. Son golpes y desprecios. Es gente a mi alrededor. Tropezones, empujones, pisotones.
Quiero mi nada. La que llora conmigo. La quiero fuera.
Silencio. Ceguera. Soledad.
Fuera mundo. Fuera tiempo. Fuera todo. Fuera yo.
Fuera.

19/4/15

Tomando posesión

Al fin entendí. Mis palabras son las que hieren, las que hacen daño. Una verdad, la de siempre. Pero dejada atrás. Revivir momentos de frustración, historias que nunca debieron existir. Ya está. Es el fin.
Ni siquiera recordaba que se acercaba esta semana. Ni lo que vendría después. Que se reconvertiría en nada. Pero ya está. Ya no duele. Hace años que dejó de hacerlo. Fue mi estupidez y mi cobardía las que no me dejaron ver que el dolor de una pérdida ya no era nada. Solo un recuerdo vacío entre fotos recortadas. 
 
El mundo gira y gira. Todo avanza. La gente va y viene. Cuando se va sin avisar, dura más de lo necesario. Un adiós. Solo eso. Fácil o no tanto. Pero necesario.
Al fin entendí. Mis días estúpidos acabaron. La montaña rusa ya está controlada. Hay subidas y bajadas, pero ya sé cómo subir y cómo bajar. Tantos errores cometidos que hoy se agrupan para enseñar. Y lo que sobra, a la caja. 
 
Al fin entendí. La realidad. Sus claves. Tras una pataleta de niña pequeña e historias imaginarias, al fin entendí. Sin gritos, sin dramas, sin llantos, sin golpes. Solo yo. Lo que soy y lo que tengo.
Sigo sin saber qué es y qué hay. Sigo sin saber los motivos. Pero al fin entendí que no importan esas respuestas. Solo quiero. De verdad que quiero. Con gran insistencia y fuerza. Quiero que esas palabras no acaben en un sobre desgastado, guardado sin motivo en la caja del pasado.

3/2/15

Respeto antes que expresión

Muchas veces no sé lo que siento o dejo de sentir. A menudo las palabras salen sin más. Sin motivo, sin dirección. Sin pensar en nada, en nadie. Luego cobran sentido o no. Cobran sentido en mi cabeza y no significan nada. Significan todo y no me dicen nada.
 
Esto solo formaba parte de mi terapia. De mi vía de escape para evitar nuevas cicatrices ocultas.
Ayer volví a escribir, pero las heridas volvieron. Y no quiero eso. Nunca sonaron las palabras tan fuertes en mi cabeza. Tan míseras y dolorosas. Tan a la defensiva. Tan en la cúspide de la destrucción.

He aquí mi rectificación ante tantos años de palabras infortuitas y sensaciones que no quise revivir. Solo eran mi camino. Mi salida. Mi único mundo. Pero ahora entiendo que el mundo está ahí fuera.
Pido perdón por mis ofensas, por mis idas de olla y por mis caídas tan estridentes. Pido perdón por arrastrar inconscientemente lo poco que tenía hacia un sufrimiento inventado. Pido perdón por haber tenido los ojos cerrados.

Cerrados ante una vida llena de ilusiones. Una vida llena de alegría y de personas. Personas a las que quiero y con las que quiero compartir mi tiempo. Porque para eso es mío. Personas con las que puedo reír y llorar sin sentirme avergonzada. Personas a las que quiero abrazar día sí y día también. Quizá algunos rostros cambien con el tiempo, pero no pienso desaprovechar lo que ahora tengo.
No pienso desaprovechar las risas, los momentos, todo lo que tenemos.

El miedo es algo que ya está dejado atrás. Prefiero exponerme y sentir ante un mundo lleno de adversidades. Prefiero saltar sin paracaídas. Nadar hacia un horizonte lleno de incertidumbres.
Hoy se acabó la puerta cerrada. Se derrumbó el muro de contención. Hoy, y pese a que pueda ser tarde, voy a empezar a vivir. A moverme por lo que quiero. A ponerme metas y a conseguirlas. A compartir mis momentos entre caricias y afectos. A dejar la autocompasión en casa y salir por la puerta con ojos abiertos al mundo que no espera. A dejar la paciencia para los que siempre esperan.

No pondré la otra mejilla, pero tampoco devolveré el golpe. Simplemente me limitaré a ser feliz.

Re mi re

Por más que lo intento,
no sé qué me pasa.
Mi cuerpo está parado,
mi mente lo acompaña.
Pasan las horas, pasan los días,
las hojas secas se caen,
le vendí al diablo mi alma.

Hoy me quedo en casa.
Ojalá supiera dónde está.

30/1/15

Puntos suspensivos

¿Por qué cuando el sol se cierra nadie se levanta? ¿Por qué?
¿Por qué insisto en buscarte después de años perdidos?
¿Por qué nadie entiende, ni siquiera yo misma, lo que escribo?
No puedo creer en esta recaída. No puedo.
No puede ser cierto. Mis ojos deben estar mintiéndome y el color rojo solo daltonismo pasajero.
No lo creo. No quiero creerlo.
No recuerdo el motivo de mi última vez, ni la relación con este. Heridas que nunca podré explicar.
No sé por qué empecé a escribir. No sé por qué no acabo.