10/4/16

Levantarse es obligado

Y de repente caí. Caí en mis defectos, en mis imperfecciones. Caí en mi mayor debilidad. Crecí, olvidándome del orden, del saber tener, de los detalles y sus recuerdos. Me convertí en alguien libre dejando atrás la cuadrícula que cerraba este puzzle y sus piezas. Mi mayor logro trajo consigo una parte equivocada de mí. Mi desastre.

Caí en mi desastre y me dejé hacer por unos segundos. Mi corazón lloró sabiendo que nunca haría las cosas al derecho. Que aunque algo saliera bien, mi manera de mirar las haría caer como yo, ante una realidad desdibujada.
Unos segundos donde mis manos no eran más que bolas de demolición y mi cerebro sólo pensamientos inútiles que ningún niño querría escuchar. Infecciones llenas de alcohol.

Sólo unos segundos. 
Pasados, volví a ser feliz.

Me miré a los ojos y sonreí. Sonreí sabiendo quién soy y quién quiero ser. Sonreí comprendiendo que el desastre es lo que me hace ser como soy. Mis imperfecciones, detalles que me descubren todas esas personas tan maravillosas que tengo a mi alrededor. Todas esas personas que me aceptan tal y como soy. Que me quieren a pesar de olvidarme de recordar. Que me aprecian entre gritos y silencios. Que han compartido conmigo este día tan maravilloso y que estuvieron a mi lado a pesar de tener que escalar montañas llenas de escombros para estarlo. A pesar de mis imperfecciones.
Mi felicidad se redujo a eso. Incluso con pérdidas de por medio.
Mi gente. Mis sonrisas. Mi vida.

23/3/16

Ganas

Cuando tienes una bomba entre las manos.
Cuando caes al vacío sin nada.
Cuando dos miradas conocidas se cruzan en el pasado, 
 donde algo fue todo y hoy ya no es nada.
Cuando la voz de la conciencia toma un color azul, claro, celeste.
Cuando el camino se acaba, pero sin ver el final.

Tantos corazones rotos y el mío palpitando con lentitud, 
dejando que los días lleguen a su fin.
Valentía descarada, desvergüenza olvidada. 
Errores garrafales ocultos entre ojos que se miran.
Ojos oscuros, llenos de todo, 
que se llevan mi alma, mi cordura.
Sólo un final: la muerte.

La muerte de las risas y caricias, 
de la confianza y complicidad que ya no están.
 Que se fueron sin mirar atrás. 
La muerte de la preocupación y la sangre.
La muerte de algo que no se quiso cuidar.
Límites que al cruzarse me plantan ante la realidad, 
me fijan con firmeza esa línea blanca del poder o no poder.
Desconcierto e ignorancia.
Ganas de ser al fin.

19/3/16

Adicción

Si la magia no ocultara trucos, me volvería azúcar para estar entre tus labios. Para sentir tus latidos acelerados sin manos frías que recorran tu pecho. Me volvería aire, para entrar en tus pulmones y así llenarlos segundos antes de sentir tu risa. Me volvería música, para sentirme dentro de ti y dejarme llevar por tus pasos. Danza divina y cautivadora que mece la música a su gusto.

Me volvería dulce, para estar siempre contigo.

Se echaba de menos

Perdida en un mar oscuro, lleno de calor, lleno de sonrisas.
Mis latidos siguen el ritmo de nuestros cuerpos. Mis pasos avanzan, llenos de trabajo y constancia. Llenos de sabiduría.
Dormir abrazada. Sintiendo el calor en mi corazón. El que lleno de ganas recogería hasta la última gota de entre tus sábanas. 

Pequeños retales del pasado. Cariño y amor casi desconocidos. Pero presentes, entre tus ojos y los míos. Nunca olvidados por cada nuevo encuentro, reconociendo que siempre seremos algo. Que queremos nuestra historia entre papeles invisibles. Que tú y yo, no somos algo. Que mi niña aún sigue siéndolo y que tus manos nunca dejarán las mías.

13/3/16

Rockeros de la noche

Susurros y risas. Encuentros inesperados. El de tus labios y mi cuerpo. Mirando al cielo. Negando sin negar. Sintiéndote cerca, donde estabas. Levantando la vista para besarnos a escondidas, en medio de todos. Más que besarnos, me dejaba hacer. Respirando tus bocanadas de aire, de vida. Mi aliento sin querer impedía que me besaras de nuevo.

Mis ganas superaban a la de cualquier mortal y tú, con tu dulzura y magnetismo, desnudabas mi alma con cada nueva mirada. Mi oreja llena de secretos, mis manos sobre tu claro universo, transparente, sencillo, divino.

Pequeños mordiscos que no se dejaban ver, pero que mis ojos cerrados sentían como si acariciaras un pequeño corazón. El que tus manos sostienen desde no recuerdo cuando.
Risas y bailes que me hicieron sentir viva, otra vez.
Encuentros con la vida, rodeada de amigos, sabiendo que es aquí donde debo estar. Riendo ante la ignorancia, creando motes como alianzas, notando que cada día es uno nuevo, real, intenso y sin nada que envidiar del pasado.