25/1/15

Cerrado

Es extraño. No entiendo la nada. Me acompaña siempre. Pero hoy no la entiendo. Me dediqué a preguntar en busca de respuestas. Las obtuve. Las respuestas más inesperadas.
Una tregua y mucha cobardía. Como a todos, me cuesta poner las cosas en su sitio, pero siempre termino obligándome a levantar todas las cartas. Terminar con las alas de tantas palabras voladoras. Y hablar. De forma directa, mirando a los ojos y con mi vergüenza dejada atrás.
Pero hoy no entiendo. Me sorprendió. Me sorprendió la indiferencia ante tantas respuestas rebuscadas e incoherentes.

Me sorprendió cómo dejé de esperar al minuto de saber que no responderías. Dejé de hacerlo sin sentir nada. Absolutamente nada.
Me sorprendió cómo de tanto decirme a mí misma que no sintiera, me lo creí.
Me sorprendió cómo en ocasiones tan diferentes, tan inconexas, tan llenas de sufrimiento, yo simplemente dejé de sentir.
Para evitar lo inevitable me dije a mí misma que lo mejor era dejar de sentir. ¿Qué absurdo verdad? ¿Cómo evitar lo inevitable?

Me repetí más de cien veces a mitad de camino que al llegar al final nada pasaría porque la realidad estaba asumida y dejé en otros caminos las armas que solo yo podía utilizar para herirme.
Y ahora estoy aquí, incrédula. En el final y sin armas que poder utilizar.
Sonriendo ante tanto sufrimiento inexistente, pero realmente confusa de haber conseguido lo que quería. Una utopía que puedo tocar pese a que ni siquiera los utópicos la crean real.

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